domingo, 12 de septiembre de 2010

30 años de lluvia dorada entre amigas ...

En 2010 se cumplen treinta años del estreno de "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón", película clave de la cultura gay española y pionera de la que sería la filmografía de uno de los mayores genios de nuestro cine. Hoy en día es muy difícil contar nada que no se sepa sobre esta historia que representa el corazón de la movida madrileña, llena de personajes que hasta entonces habían estado vetados en el cine español, y donde por primera vez la homosexualidad no se retrataba de una manera traumática sino como una condición que los personajes vivían con absoluta normalidad. Ver "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" es como salir de fiesta con los colegas, cómo pegarse una noche de farra y levantarse con una resaca antológica, es tan absurda y está tan llena de vida como la mayor borrachera que recordéis ... y eso es bueno y malo.

Seamos sinceros, la primera película de Almodóvar ha envejecido terriblemente mal, al contrario que otras películas suyas de los primeros ochenta como "Matador" o la magnífica "¿Qué he hecho yo para merecer esto?". Las aventuras de Pepi y compañía se ven ahora con cierta nostalgia por toda la leyenda que las rodea pero, más allá de eso, se trata de una película muy mal rodada, muy mal interpretada, y que sólo tiene sentido si nos ponemos en el contexto de 1980 e imaginamos los ataques cardíacos que la cantidad de travestis, gays, lesbianas, punkis y drogadictos de celuloide pudieron provocar en una sociedad que llevaba casi cuarenta años viviendo en una dictadura.

Recuerdo perfectamente que vi "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" en 2003, cuando llevaba años descatalogada pero El País la rescató para ofrecerla en su primera colección de "Un país de cine". Mis compañeros de piso y yo acabábamos de cerrar la última discoteca abierta en Málaga y, mientras esperábamos el bus, yo me acerqué tambaleante hasta el kiosko y compré el periódico sólo para conseguir la película. Llegamos a casa y nos la pusimos, así que sobra decir que la disfrutamos como enanos porque el alcohol aún no había abandonado nuestro cuerpo y verla con los amigos era, como ya he dicho al principio de este post, una auténtica fiesta en la que no parábamos de reír. Pero al día siguiente, ya sobrio, me la volví a poner y descubrí que verla como una simple película era bastante decepcionante porque todo en ella era torpe, mal hecho, mal planificado y mal rodado.

Pero hay que ser justos y reconocer que pocas películas tienen una vida y una energía como ésta. Los planetas se alinearon y "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" surgió en el momento justo en que tenía que surgir, representando en el cine a la gente que en ese momento tenía que representar, espantando de las salas al público que tenía que espantar, y convirtiéndose en la película generacional de un movimiento aún hoy irrepetible. También nos dejó secuencias tan célebres, surrealistas y descacharrantes como las erecciones generales donde el propio Almodóvar elige el pene más grande entre una serie de candidatos, la violación de Carmen Maura, los falsos spots protagonizados por Cecilia Roth, y esa gran frase que todos hemos repetido alguna vez con mayor o menor énfasis según el grado de la borrachera: "hagas lo que hagas, ponte bragas".

Y aunque Almodóvar ha tratado después la homosexualidad como elemento dramático o de represión, como en la sobrevaloradísima "La ley del deseo", la verdad es que es de agradecer que en su primera película todo tenga un aire tan normal y tan poco diferenciador. Ninguno de los personajes que rodean a Pepi está traumatizado por ser gay, como era lo normal en el cine español en esos años, ni vive su condición sexual como algo especial o raro. Los protagonistas se limitan a vivir cómo les da la gana y a hacer lo que ellos creen que tienen que hacer, quemando la noche madrileña y buscando crear una segunda familia en los amigos. Porque, al fin y al cabo, "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" es una película muy sentimental donde las amigas se quieren y se ayudan aunque sea a base de lluvias doradas:



Lo dicho, la primera película de Almodóvar ha envejecido mal pero es un poco como la Duquesa de Alba, que da grima ver como una anciana se viste como si fuera Agatha Ruiz de la Prada pero al mismo tiempo hay algo entrañable en eso.



1 comentario:

  1. Estoy radicalmente en contra del concepto "envejecer bien o mal" en las obras de arte de toda clase. Creo que todo hay que valorarlo en su preciso momento: su sentido está todo ahí.

    La peli es, ante todo, super divertida, y es un documento genial de la Movida, ese tiempo.

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